Ayer cuando llegaba del trabajo me puse a pensar si existen realmente esos ratos en los que miras hacia atrás y estás seguro que no has dejado nada sin terminar. Es difícil, especialmente cuando se hace lo que me toca hacer. Hoy quisiera poder escribir mejor de lo que pasa por mi cabeza, pero a veces no te queda más que la palabra desnuda, sin recurrir a un autor o a alguien más.
Lo que vengo a escribir, lo escribo solo.
Hace un par de días que ando resfriado, y es difícil creer que cuando tienes la nariz tapada y la voz ronca, la vista se te aclara tanto. Me refiero a que estuve pensando en dónde realmente se esconde o se intercala nuestro verdadero yo con lo que somos "ocacionalmente" o accidentalmente.
Con esto me refiero a que a veces nomás nuestra forma de ser frente a las circunstancias es como un juego de dados, a veces te sale siete, y eres nomás como siempre eres. Pero existen también tantas combinaciones diferentes.
Una de las charlas más controversiales, que como yo mismo, tuve con la Directora de uno de los proyectos, es hasta qué punto somos libres realmente. Me parece que somos más bien como un cocktail de presentes, pasados y esperanzas. Éso de la libertad es mucha cosa.
Porque, cuando hay días en los que no quiero volver y días en los que no me aguanto por llegar, se me viene la conciencia de tal contradicción. Ese desequilibrio tan humano.
Pero ese desequilibrio es precisamente lo que a larga talvez nos deje claro de que, en el mar de contradicciones, de "probables" y talveces, y jetas y risas, es bello ser tan imperfecto y saber que uno aspira a algo.
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